La conquista de México – Mi veldá

La conquista aún sigue, aún seguimos perdidos, golpeados y traumatizados, prueba de ello es que no tenemos una identidad propia, nos sentimos como ratas en un laberinto, no sabemos para donde ir, estamos todos contra todos, nos discriminamos entre nosotros mismos, aceptamos las costumbre extranjeras creyendo que asi llegaremos a ser aceptados, muchos quisieran tener “sangre” española, gringa, francesa, etc en sus venas para sentirse diferentes, para sentirse mas seguros y aceptados, quienes no hemos escuchado decir mi abuelo es español, aunque ese abuelo lo unico que haya hecho es violar a la mujer que trabajaba en su casa, o frases como “la madre patria”, cuantas personas no siguen la “fiesta brava” como si en verdad fuera algo propio, es decir, parte de nuestra cultura. En tiempos actuales queremos ser gringos (de segunda), mejor deberiamos de replantearnos todas esas cosas y tratar de ser lo que en realidad somos, Mexicanos. Al decir esto, no me refiero a volver atras, sino simplemente conocernos y aceptarnos y vaya que tenemos mucho de que sentirnos orgullosos.

Pero bueno, leyendo sobre “El lienzo de Tlaxcala” he encontrado este artículo:

Pero antes de transcribirlo dire: Madre patria mis huevos!!!

El Otomí y El Huasteco

(AMPRyT).- En la ferocísimas batallas libradas en la guerra de conquista española de México-Tenochtitlán, del 13 de mayo al 13 de agosto de 1521, participaron dos personajes muy singulares que sin pertenecer a la etnia náhuatl azteca descollaron como ardientes defensores de la que años más tarde sería la capital de Nueva España y desde 1821 ciudad capital de la República Mexicana. Uno fue el capitán Tzilacatzin El Otomí y otro el capitán Huitznáhuac El Huasteco.
En su libro doceno de la Historia general de las cosas de la Nueva España, fray Bernardino de Sahagún habla de ambos aguerridos militares, de sus múltiples hazañas en la defensa de Tenochtitlán –en particular del terror que El Otomí causaba entre los soldados españoles—pero no aporta mayores datos sobre sus orígenes. De Tzilacatzin sugiere que pertenecía a la etnia ñahñú y que vestía a la usanza otomitl, que en aquellos tiempos representaba el mayor lustre de las castas guerreras del país. Los otomíes, además de buenos poetas eróticos, tenían fama de indomables y de ofrecer sus oficios militares como en siglos recientes lo hicieron los cosacos de la región del río Don, en el centro y el norte de Europa. El primer choque armado que Hernán Cortés sostuvo con indígenas mexicanos, según Bernal Díaz del Castillo, fue en la actual linde de Veracruz y Tlaxcala, una vez trasmontada la Sierra Madre Oriental, con un contingente militar integrado por otomíes o ñahñús enviado por los senadores tlaxcaltecas para probar la condición etérea o terrenal de los teules (españoles), a quienes Moctezuma creyó dioses o semidioses hasta que no le saquearon su oro y vio comportarse como viles panaderos gachupines. Entre los varios significados de la palabra otomitl u otomite (náhuatl) está el de “flechador de estrellas”. Por todo esto no es difícil que el temido capitán Tzilacatzin perteneciera a la etnia ñahñú, como muchos de los soldados que defendieron México-Tenochtitlán. Acerca del capitán Huitznáhuac El Huasteco el gran historiador español es igualmente parco sobre sus antecedentes, describe sus aportaciones militares y su fiel asistencia política a la corte guerrera del tlatoani Cuauhtémoc, poco antes de la rendición de la gran capital mesoamericana. Es posible, desde luego, que haya sido oriundo de cualquiera de las más de 100 poblaciones huastecas que hay en el rectángulo que se forma entre Tuxpan y Altamira, sobre la línea litoral del Golfo de México, y entre Xicotepec (Puebla) y Ciudad del Mante, sobre una línea imaginaria que baja del sureste de Nuevo León, corta la parte oriental de San Luis Potosí y resbala sobre la falda este de la Sierra Madre Oriental que pasa a un lado de Guanajuato y la Sierra Gorda de Querétaro e Hidalgo. La presencia de estos dos capitanes no aztecas en el frente de resistencia anti-colonial de 1521 demuestra que si bien fue cierto que la victoria de Cortés sobre los mexicas se debió en gran medida al apoyo de otras naciones indígenas (Tlaxcala, Huejotzingo, Cholula, Xochimilco, Iztapalapa, Coayoacán, Cuauhnáhuac, Chalco, etc), en las tropas del Joven Abuelo no faltaron mexicanos visionarios de Tlatelolco, Texcoco, Tlacopan (Tacuba) y de etnias más remotas que atinadamente pensaron que debían sumarse a Tenochtitlán para derrotar y echar al mar a los falsos dioses occidentales que hoy nos siguen tirando el anzuelo con cuentas de vidrio como la democracia electorera y el libre comercio.

http://www.ampryt.net/modules.php?name=News&file=print&sid=3333

Saludos a todos

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